7 feb. 2018

Star Wars: The Last Jedi - Una retrospectiva (Parte 1 de 2)


Por la cantidad de SPOILERS que contiene, se da por supuesto que se ha visto la película.

Desde el estreno en 1977 de la que más tarde sería conocida como Star Wars: Una nueva esperanza, la serie galáctica de George Lucas ha sabido ganarse a multitud de fans. Ya sea por esa trilogía original, por los efectos especiales de los que siempre ha hecho gala esta saga, o por la maravillosa banda sonora de cada uno de sus productos.

Porque Star Wars no es algo que se reduzca únicamente a la gran pantalla y a las nueve películas que se han estrenado hasta el momento. Esta saga abarca también multitud de historias que hemos podido ir descubriendo en libros, series de animación, videojuegos… E incluso, en algunos casos se nos presentaba una visión mucho más amplia de ese universo que comenzaría a cimentarse sobre personajes tan icónicos como Darth Vader, la princesa y posteriormente general Leia Organa, o aquel jedi, Luke Skywalker, cuyo recorrido seguiríamos muy de primera mano.

Porque gracias a lo que conocimos como el Universo Expandido, se dio pie a que nos internásemos en los más oscuros secretos de esos misteriosos Sith, a descubrir el porqué de su famosa Regla de Dos, o a analizar una filosofía que poco a poco parecía alejarse de aquello de que los jedi eran, siempre habían sido y siempre serían los buenos de la historia. Por eso, cuando George Lucas decidió vender la franquicia a Disney, y la compañía anunció su intención de retomar la producción de nuevas sagas, muchos agradecimos ese soplo de aire fresco que llevaba a indicar que íbamos a tener mucho Star Wars para rato. Grandes noticias que se vieron truncadas casi de inmediato cuando se dejó claro que la intención de Disney era deshacer de un plumazo todas aquellas historias que nos presentaron a personajes tan maravillosos como Mara Jade o Jacen Solo entre otros. Ya que a partir de ese momento estas historias pasarían a formar parte de un universo aparte no canónico conocido como Leyendas.

Por eso, personalmente, la llegada del Episodio VII de Star Wars lo hizo como un jarro de agua fría. Puesto que lo único que veía en ese Despertar de la Fuerza era un remake casi calcado de aquella Nueva Esperanza del 77. Una historia a la que no le veía más atractivo que un par de reencuentros muy esperados junto con algunos personajes que llegaban con fuerza, y a quienes este nuevo rumbo de la saga galáctica no parecía hacerles bastante justicia. Y entonces llegó el primer Spin-off de Star Wars en forma de película. Un Spin-off que presentaba una historia que a nadie le pillaría por sorpresa: el robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Una misión que había costado la vida a muchos bothans, como nos hizo saber Mon Mothma en el Episodio VI de la saga.

Y aunque la historia cojeaba por muchos lados, sobre todo por la ironía que parece desprenderse del hecho de que la protagonista de la historia; el personaje más importante, sea la única mujer que cuenta con más de tres escenas en toda la película, Rogue One nos dejó con grandes momentos y con un planteamiento mucho más maduro de lo que estábamos acostumbrados a ver en Star Wars. Porque los buenos, los personajes principales, no siempre tienen porqué acabar con ese final agradable. Ni siquiera tienen porqué salir con vida de su misión suicida.

Y entonces llega Star Wars VIII: The Last Jedi. Una película que, a pesar de aparecer justo después de ese final tan lógico y al mismo tiempo sorprendente de Rogue One, daba la sensación de ir a convertirse en otra copia descarada del material de la trilogía original. Y sin embargo, lo maravilloso de The Last Jedi es, precisamente que sabe aprovechar todas las quejas y críticas negativas que había ido recogiendo su predecesora, el Episodio VII, y utilizarlas en su favor. Y no solo eso, sino que, además se basa en algunas ideas que, si bien es cierto nunca habían llegado a quedarse fuera del canon oficial como tal, aparecían en algunas de aquellas historias que habían pasado a llamarse Leyendas. Apuntes que el mismo Rian Johnson se encargaba de destacar a través de su cuenta de Twitter.

Sin embargo, de nuevo volvemos a encontrarnos con una película que recoge opiniones igual de dispares, y que no parecen ir a ponerse de acuerdo en poco tiempo. Porque lo que para unos ha sido una gran película, capaz de situarse, si no por encima de alguno de los Episodios de la trilogía original, sí a su misma altura; para otros no ha sido más que un producto que peca de considerarse canónico de Star Wars. Y como viene intuyéndose, servidor es de aquellos que consideran que, gracias a Los Últimos Jedi, he vuelto a hacer las paces con esta saga galáctica que tanto me ha aportado. Y ahora es cuando toca explicar el porqué de esta reconciliación metafórica.

Uno de los puntos que más se ha criticado de este octavo Episodio es ese “exceso” de humor que hay quien considera innecesario. Algo que se ve desde el primero momento con esa escena de Poe Dameron provocando descaradamente a un general Hux, cuya autoridad como uno de los líderes de la Primera Orden acaba totalmente por los suelos. Un inicio, que da pie a una batalla espacial de lo más épica, con Poe maniobrando su Ala X de manera espectacular y que, por primera vez, no solo presenta a pilotos varones en plena acción. De hecho, si hay algo que destaca precisamente de este enfrentamiento, es la epicidad que desprende Paige Tico; la encargada de protagonizar una secuencia de lo más impresionante; bombardear el Acorazado Estelar, objetivo final de esa misión de la Resistencia encabezada por Dameron.

Más tarde, la película volvería a hacer gala de ese humor que parece no haber gustado a todo el mundo, saboteando intencionadamente la escena final de El Despertar de la Fuerza. Esa que el mismo Mark Hamill ya se había encargado de representar en varias ocasiones, siempre en clave de humor, y que, hasta ahora, parecía indicar que contaría con un discurso o, al menos unas palabras por parte de Luke hacia esta nueva y joven aprendiz de Jedi, Rey. Porque es aquí donde aparece uno de los zascas que Los últimos Jedi se reservaba para El Despertar de la Fuerza. Por otra parte, si esa tensión que nos había prometido la escena en sí del film dirigido por J.J. Abrams se venía completamente abajo de un modo casi satírico, Rian Johnson no parece buscar ofender de ningún modo con el resto de escenas pensadas para divertir al espectador. Es decir, en esa apertura de Los Últimos Jedi, no se observa malicia alguna por parte del director hacía los fans de Star Wars, como sí lo hace la famosa escena del encuentro de Rey con Luke.

Otra de las claves que también se ha criticado es aquella que envuelve la trama referente a la misión de Finn y Rose de infiltrarse en la nave insignia del Líder Supremo Snoke para así dar una oportunidad a los supervivientes de la Resistencia de escapar de las garras de la Primera Orden. Una serie de críticas que se centraban sobre todo en Rose Tico y en lo “intrascendente” de este personaje. No obstante, el personaje interpretado por Kelly Marie Tran tiene uno de los papeles más importantes de la película: por una parte, dar mayor visibilidad a la mujer dentro de un universo que, hasta ese momento contaba con un número tan limitado de personajes femeninos, que podían contarse con los dedos de una mano. Por otra, introducir un personaje que, aun teniendo tanta fuerza como Rose, con una entereza que le lleva a ser capaz de renunciar a uno de lo únicos recuerdos que le quedan de su hermana recientemente fallecida -en pro de la defensa de las ideas de esta y del éxito de su plan-, se aleja de esa lucha entre Lado Luminoso y Lado Oscuro en la que, al final, suelen derivar todas las tramas de Star Wars.

Y esto desemboca en las quejas derivadas de la trama per sé protagonizada por Finn y Rose. Un hilo que presenta una misión a la desesperada encabezada por una encargada de mantenimiento de la Resistencia; y un exsoldado de la Primera Orden cuyos éxitos más notables parecen reducirse a haberse cruzado en el camino de Dameron y de Rey, así como a haber desertado de ese nuevo Imperio.

Porque, como puede intuirse, ninguno de estos dos tiene demasiada experiencia en una tarea tan importante como pueda ser convertirse en la opción desesperada de la Resistencia. Y precisamente aquí es donde se encuentra parte de la importancia de este grupo de héroes recién convertidos. Porque se trata de personas cotidianas. Personas totalmente alejadas de ese estereotipo de “Elegidos” para salvar el mundo o futuros salvadores de este, como puedan ser Luke Skywalker o Rey; algo de lo que se hablará más adelante, y que Johnson ya se encarga de desvirtuar a través de otra serie de golpes importantes a los cliffhanger propuestos por El Despertar de la Fuerza.

Pero volviendo a este acto protagonizado, primero, por un personaje que se encarga prácticamente de ir detrás de Rey y por otro, totalmente desconocido hasta este Episodio VIII, queda la discusión que surge del hecho de que su misión en solitario es algo completamente inútil y prescindible. Porque, de acuerdo que en un primer momento pueda llegar a sonar bien conseguir algo de tiempo para facilitar el escape de la Resistencia, de las fuerzas de la Primera Orden; pero a medida que avanza la trama nos vamos sumergiendo en una historia escrita para ir encariñándonos con Finn y con Rose y para ver cómo estos dos van conociéndose poco a poco de cara al espectador.

De hecho, al analizar esta parte de la trama de Star Wars: Los Últimos Jedi, es muy sencillo ver que la decisión de ayudar a la Resistencia no va sino a acarrear más problemas de los que podría haber solucionado. Ya sea por la traición al estilo Lando Calrissian, o por el hecho de que la captura de Finn, Rose y BB-8 no sirve sino para alertar al enemigo del verdadero plan de los líderes de la Resistencia.

Un hilo de la trama que sirve para rehacer la idea que pudiéramos tener de Star Wars. Esa idea de que los planes, por desesperados que pudieran parecer, siempre acababan teniendo éxito en este universo galáctico. Esa idea de que en Star Wars todo tenía que ser blanco o negro, bueno o malo; y que cuando aparecía un personaje como Calrissian, capaz de vender a Han Solo, así como traicionar a los Rebeldes y servírselos en bandeja a Darth Vader, al final acabaría mostrando sus verdaderas cartas y convirtiéndose en uno de los más eficientes líderes de esa Rebelión. Porque es DJ, el personaje al que da vida Benicio del Toro, el encargado de ir dejando caer esas migas de la discordia durante cada una de sus escenas. Ya sea en el momento en que deja claro que no trabaja gratis por ninguna causa, o en esos momentos en los que intenta hacer ver a Finn, no solo que unas veces se pierde y otras se gana, sino que, al final, en la guerra todo vale. Y lo que uno considera un mal a eliminar como pudieran ser los traficantes de armas de Canto Bight, puede acabar convirtiéndose en los salvadores de la Resistencia. En aquellos dispuestos a jugársela a la Primera Orden y vender armamento, tanto a estos, como a aquellos dispuestos a enfrentárseles.

Y si hasta ese momento todo aquel que estuviera viendo la película tenía por seguro que el improvisado plan de Poe, Rose y Finn iba a resultar exitoso sí o sí, Johnson se encarga de darnos un tortazo de realidad y deja claro que no todos los planes tienen porqué acabar bien. Una bonita analogía entre esta misión y aquella con la que comienza la película, donde, a pesar de los resultados, se pierden más vidas de las que podrían haberse salvado. Algo que la película ya se encargaría de usar como predicción para ese desastroso final de la misión de Rose y Finn.

Por otro lado, también se ha hablado mucho de que en esta ocasión toda la trama viene motivada por una historia que se centra en la Resistencia abandonando sus naves sin combustible mientras lucha por mantenerse fuera del rango de tiro del crucero de la Primera Orden. Una especie de carrera contrarreloj que viene a alejarse, de nuevo, de ese Star Wars que muchos conocíamos. Pero es que este es otro de los grandes aciertos de la película; introducir algo completamente nuevo en una saga que, como puede apreciarse con Star Wars: El Despertar de la Fuerza, peca casi en exceso de conservadurismo. Una saga que parecía temer mostrar algo distinto, o dar un salto, por pequeño que fuera, en otra dirección por miedo a ofender a los fans.



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