9 abr 2019

La bicicleta, ¿un medio de transporte más?


Una de las medidas más recurrentes a la hora de combatir el cambio climático, ha sido siempre la sustitución del vehículo privado, por el transporte público o medios no contaminantes, como la bicicleta.

Sin embargo, si bien podría parecer que cada vez se están tomando más medidas a favor de este medio de transporte, reconocido como vehículo y que, por tanto, cuenta con su propia normativa dentro de la legislación vigente, lo cierto es que en muchas ocasiones los ciclistas pueden sentirse muy desprotegidos, e incluso acosados.

En los últimos 11 años, las cifras de ciclistas fallecidos han ido ascendiendo. Y en 2017 (78 fallecidos), este dato se tornaba como el más alto desde 2007 (89 muertos). De hecho, según la DGT, si bien los accidentes en vías interurbanas, con ciclistas implicados, han descendido considerablemente en nuestro país; no ocurre lo mismo en las vías urbanas, donde el número ha llegado a ascender tanto, que se sitúa al mismo nivel que datos de los años 90.



Pero lo más destacable de esta cuestión aparece a la hora de comparar los datos de la Comunidad de Madrid. Porque, si bien es cierto que el número de ciclistas fallecidos no llega a superar las dos personas al año, el repunte de ciclistas heridos, al igual que pasa con el resto del país, no ha hecho más que aumentar en los últimos años (690 heridos leves, y 67 heridos graves en 2017).

Para que se produjera un cambio drástico en estos datos, la Dirección General de Tráfico, empujada por multitud de asociaciones de ciclistas, ha luchado para que se empezaran a establecer y a tomar medidas efectivas en la protección de estos. Una serie de normas que, si bien podrían facilitar la circulación de estas personas por carretera, autopista o autovía, no hacen sino dificultar el uso de la bicicleta dentro de ciudad.

Por una parte, la falta de vías de carril bici obligan a que todo aquel que quiera, o tenga que usar este vehículo, tenga que hacerlo por la calzada. Una medida que se convierte en obligación, y, por tanto, recoge otra serie de normas a cumplir. Porque al circular junto con coches, motos y demás vehículos motorizados, los ciclistas deben: llevar timbre (nunca bocina u otro elemento similar), utilizar una luz parpadeante roja en la parte trasera de la bicicleta, y otra blanca, en la parte delantera (aunque esto solo es totalmente obligatorio en momentos o zonas de escasa visibilidad), y obedecer las mismas normas que cualquier otro vehículo que circule por calzada [respetar la señalización, no saltarse los Stop o Ceda el paso, e ir a una velocidad que no se encuentre por debajo de la mitad de la velocidad máxima permitida para no obligar a otros vehículos a frenarse bruscamente] .



Por otra parte, si se tratase de un espacio donde los peatones tengan preferencia, pero no uso exclusivo, al llegar a pasos de cebra, el ciclista deberá bajarse de la bicicleta y cruzar andando. Al mismo tiempo, si se trata de una acera de uso exclusivo para peatones, el ciclista deberá hacer lo propio e ir andando. Es decir, que casi en un 70% de los casos, el uso de la bicicleta estaría destinado de manera exclusiva a la calzada. Aunque no a toda la calzada, ya que los ciclistas deben ir, lo más pegado posible a la acera, evitando cualquier posible molestia al resto de vehículos.

A todas estas medidas, se les suman también otras que vendrían a explicar qué elementos debe tener una bicicleta siempre (como la obligación de llevar timbre). Una normativa que, junto con otras de las normas planteadas por la DGT y por la normativa de circulación con vehículo, parece que pretendan agrupar todo tipo de bicicletas en un solo tipo; sin diferenciar que se trate de una bicicleta para la circulación por ciudad, una de carreras, de montaña… O, que el ciclista se encuentre en mejor o peor forma, no quiera ir demasiado rápido, etc.

Son todas estas normas, así como la falta de otro tipo de medidas más efectivas, las que llevaron a que en 2017 se produjesen en Madrid más de 590 multas solo a ciclistas. Unas sanciones que varían entre los 60 y los 1.000 euros, y que en su mayoría corresponden a ir con la bici con los auriculares puestos, o a circular por aceras.



25 mar 2019

La fuerza de la constancia, Irene Jiménez Duque (Irene Jotadé)

Se llama Irene Jiménez Duque. Aunque en YouTube y en redes sociales ha conseguido abrirse hueco como Irene Jotadé.

Fotografía de la entrevistada | Por Irene Jiménez Duque














La modestia de esta madrileña le impide presumir de todo lo que ha logrado hasta ahora. Porque no es solo que su carrera periodística le haya llevado a entrar en la sección de noticias de la Sexta, sino que, además ya ha publicado varios libros, sube periódicamente vídeos a la plataforma YouTube, y cuenta con números superiores a las tres cifras, llegando casi a las cinco, en todas sus redes sociales. Y todavía no ha cumplido 25 años.

  • ¿Por qué periodismo? ¿Qué te llama, te llamó en su momento, o te sigue llamando de esta profesión?

Al principio yo quería hacer algo relacionado con la medicina, ya que hice el bachillerato de ciencias de la salud. No obstante, en el ultimo momento, me di cuenta de que no me llamaba mucho la atención; y sí la escritura y la edición de vídeo. Por eso creí que periodismo era la carrera que más podía englobar todo eso. Y no me arrepiento.
Me llama la atención el hecho de que puedas hacer de todo desde escribir como editar vídeos, crear webs, emprender, locutar....

  • ¿No había nada que te llamara fuera del periodismo? ¿Cualquier otra cosa que te gustara hacer, a parte también de crear vídeos?

En el último momento estuve a punto de decantarme por comunicación audiovisual o, si no, por publicidad .

  • ¿Cómo empezaste en el mundo de YouTube? ¿Qué te llevó a crear tu primer vídeo?

Pues empecé de casualidad. Siempre me habían dicho que mi voz podría servir para anuncios, etc. y, vi a una chica que escribía y locutaba, que me llamó la atención. Como en ese momento tenía un blog y sentía que solo texto escrito se me quedaba corto, decidí aventurarme en ello.

  • ¿Te ves trabajando, o mejor dicho, viviendo siempre en España, o tienes miradas al extranjero? ¿Y si es así, dónde te gustaría vivir y trabajar?

Sí que me gustaría trabajar en España. Y concretamente, en Madrid. No obstante, para temporadas no muy largas, no me importaría vivir en otras ciudades españolas o en otros países de habla inglesa.

  • ¿Qué es eso que te hace destacar sobre el resto? ¿Qué crees que se te da mejor que al resto o, por lo menos, que destacarías favorablemente de ti misma?

Respecto a la escritura, que soy muy creativa y que me saco las castañas como puedo. He aprendido edición, etc. sin ayuda ni cursos; probando, mirando vídeos... Y creo que es un punto a mi favor. Además soy muy ambiciosa y siempre estoy pensando en proyectos que algún día me gustaría llevar a cabo.

  • ¿Cómo se organiza uno para crear contenido en YouTube, atender a sus seguidores en redes sociales y, al mismo tiempo, continuar desarrollando su labor profesional como periodista?

Pues no es complicado ya que yo aún no tengo un volumen de mensajes o seguidores excesivamente agobiante. Cuando tengo tiempo libre me monto los textos con los audios, etc. y en un momento lo tengo hecho, nunca sacrificando por ello el periodismo.

  • ¿Cuáles dirías que son tus mayores debilidades? ¿Y tus mejores virtudes?

 Debilidades; que son virtudes también, es que soy muy perfeccionista y exigente conmigo misma.

  • ¿Dónde te veías hace cinco años? ¿Y dónde te ves dentro de cinco años en el futuro?

 Hace cinco años me veía escribiendo para una redacción en un periódico tradicional (cosa que ahora no quiero). Ojalá en cinco años, haber podido emprender algún proyecto audiovisual, empresarial o periodístico que tengo en mente. Y poder vivir de ello.

  • ¿Quién, o quiénes dirías que son tus referentes; las personas que más te han marcado en tu vida? ¿Y si tuvieras que escoger a alguien dentro de la profesión, o un trabajo que te marcara profundamente en su momento?

Mis padres. Y dentro de la profesión, sí que Évole o Gloria Serra.

17 mar 2019

Madrid, la ciudad que invita a la decepción



Aglomeraciones, el pasatiempo favorito del turista | Hugo Muñoz

Una señal muy señalizada. Cualquier duda sobre localización deberá resolverla un navegador | Hugo Muñoz

Las macetas se convierten en un magnífico cenicero | Hugo Muñoz

Podría parecer que ha habido una fiesta del agua, pero no | Hugo Muñoz


Comunicaciones mal. ¿Para qué quieres un teléfono, si ya tienes WhatsApp? | Hugo Muñoz
Donde esté una buena obra... | Hugo Muñoz

Hasta en los sitios más insospechados (La basura se resguarda incluso bajo un arbusto) | Hugo Muñoz

Si acabas de llegar a Madrid, te sorprenderá gratamente poder probar todo tipo de medios de transporte públicos
 
Si puedes alquilarlo, atropella. Si no,  no seas agua-fiestas y deja que te atropellen | Hugo Muñoz 

¿No puedes aguantar más? ¡No te preocupes! Mientras no te vea la policía... | Hugo Muñoz


'Y aquí murió (la esperanza de) un niño' | Hugo Muñoz

10 mar 2019

La facilidad de acceso a Internet, una nueva espada de Damocles


Internet cuenta con un gran número de peligros bajo sus redes. Porque a medida que iba avanzando la tecnología, también lo hacían los accesos a la web. De esta forma, aunque a los usuarios siempre se nos ha hablado de las ventajas de, por ejemplo, contar con cámaras en todos los dispositivos a nuestra disposición, o de poder desbloquear nuestros Smartphones con tan solo pulsar con un dedo en la pantalla; lo cierto es que esto solo simplifica lo que antes necesitaba de complejísimos programas de hackeo.

De hecho, el tema sería tan grave, que incluso personalidades como el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, o el director del FBI, James Comey, no solo han hablado de la importancia de protegernos de cualquier posible ataque a nuestra intimidad, sino que ellos mismos cuentan con medidas para evitar este tipo de invasiones. Y si bien, en este caso todo llevaría a pensar que uno de los hombres más ricos del mundo, y una de las personas situadas en las más altas esferas de la defensa norteamericana contarían con sofisticados métodos para evitar que sus cámaras y micrófonos fuesen hackeados, la verdad no podía ser más dispar.

Porque tanto Zuckerberg como Comey usan uno de los métodos de protección más sencillo a la par que eficaz que existe: un pequeño adhesivo para impedir que cámaras o micrófonos de PC o Smartphone puedan recoger cualquier sonido o imagen que ellos no quieran transmitir.



Esto concretamente; que dos personas con tanto poder tengan que recurrir a un método tan sencillo, es lo que ha alarmado a muchos internautas. Y sobre todo, cuando uno de los que basa la protección de sus datos sea el mismísimo jefe de Facebook que, aseguraba que no había ningún problema cuando su aplicación pedía, entre otros, permiso para acceder a la cámara y al micrófono de nuestro móvil. Y aún más, después de que sea Facebook una de las compañías más poderosas del mundo virtual. Porque cuando se habla de Facebook, se habla también de Instagram, de WhatsApp, y de multitud de aplicaciones que nos “facilitan” el acceso a ellas a través de la cuenta de la compañía de Zuckerberg.

Y el problema no acaba aquí. Porque, si bien el acceso remoto a nuestras cámaras, ya sean de PC, de Smartphone, e incluso cámaras de seguridad de nuestro edificio, es actualmente un juego de niños que miles de páginas web se encargan de enseñarnos, cualquiera podría pensar que el peso de una buena contraseña disminuiría la posibilidad de este tipo de ataques.

Lo cierto es que esto último es tan cierto como falso. Porque, si bien una contraseña fuerte contrarresta la intención de los hackers de atacar nuestros dispositivos, estos han encontrado otras formas más eficaces de atravesar esta barrera.



Así que, en lugar de mirar por la fuerza de nuestras claves (sobre todo para nuestras cuentas de correo electrónico), debemos estudiar bien qué clase de correos abrimos, y cómo eliminamos los correos no deseados. Porque a pesar de que los virus virtuales continúan a la orden del día, cada vez son más los programas del tipo troyano los que pueblan el mundo virtual. Comúnmente conocidos como RAT (Troyanos de Acceso Remoto), estos “nuevos virus” infectan nuestros dispositivos en el momento en que decidimos abrir un correo, o cuando miramos ese mensaje de WhatsApp que en principio no parecía tener nada de raro.

Pero también, cuando no limpiamos nuestra bandeja de entrada de correo basura, o no eliminamos definitivamente ese correo tan sospechoso.

Aun así, la importancia de una buena contraseña sigue siendo vital para nuestros dispositivos móviles, si somos de los que pensamos que la seguridad del futuro se encuentra en los lectores de huellas digitales. Porque hace unos años este tipo de seguridad que todavía sonaba a ciencia ficción se combatía con medidas muy caseras, como podía verse en toda clase de películas de espías (guantes de látex con las huellas de quien abriera la cámara bancaria, polvos de talco para poder conseguir esa huella del dedo de una copa de cristal…). Pero desde 2013 este tipo de hackeo se ha vuelto mucho más avanzado. En ese año, precisamente, una web de hacktivistas decidió colgar en Internet las huellas dactilares del ministro de interior alemán. Y desde entonces la tecnología ha evolucionado de tal modo, que ahora es posible hackear cualquier huella dactilar de forma virtual y remota. Y desgraciadamente, mientras que las contraseñas alfanuméricas pueden cambiarse, las huellas digitales no.

Por otra parte, el apasionante mundo de las huellas dactilares para seguridad, como suele pasar con este tipo de avances, no estaban del todo previsto por la justicia. Hasta ahora. Porque, al menos en Estados Unidos las huellas dactilares, al considerarse una prueba física, pueden usarse como plazca por la policía. Es decir, mientras que por ley todo aquello que cuente con una contraseña que vele por la intimidad de alguien está protegido, no ocurre lo mismo con las huellas como clave de acceso. Por lo tanto, la policía tiene total libertad a la hora de acceder a cualquier dispositivo que se desbloquee con una huella dactilar.

7 feb 2018

Star Wars: The Last Jedi - Una Retrospectiva (Parte 2 de 2)



Porque Star Wars: Los Últimos Jedi no es una película más de esa saga galáctica. Es lo que fue el Episodio V y ese “No, yo soy tu padre” en su momento; un cambio que hacía falta; mostrar que Star Wars puede seguir siendo Star Wars y puede alejarse de tramas que giran continuamente alrededor de uno de los Skywalker, así como en torno a la Fuerza. Y eso que los primeros pasos en este nuevo rumbo ya los había dado Rogue One con su ausencia (casi) total de Jedi. Pero aquí no acaba la cosa. Porque, aunque The Last Jedi sea capaz de introducir una serie de tramas más alejadas de lo que suele tenernos acostumbrados Star Wars, o manejar la historia con mucho más humor del que uno pudiera estar acostumbrado, la película se encarga también de recoger esa lucha continua entre lado Oscuro y lado Luminoso con unos personajes que El Despertar de la Fuerza no hizo más que presentar. Ya que es en esta ocasión cuando vemos a un Kylo Ren mucho más moldeado que se aleja en gran medida de ese niño caprichoso e irascible que, al menos personalmente, había sido lo único apreciable en el nuevo “malo” de esta trilogía.

Será Los Últimos Jedi la encargada de mostrar los motivos de Ben Solo para actuar como actúa; de alejarlo de ese fan loco de Darth Vader que conocimos en El Despertar de la Fuerza para convertirlo en alguien con personalidad propia y con unas motivaciones bastante claras. Es The Last Jedi la encargada de dejar claro que Ben, o Kylo no es sino alguien que únicamente está buscando el progreso, alejarse de esa senectud milenaria que lleva enfrentando a Sith con Jedi. Y de la misma manera, la película que se encarga de arremeter contra todo lo que supuso El Despertar de la Fuerza para este personaje -véase el momento en que Kylo Ren se encarga de destrozar su famoso casco y deja bien claro que ya no es la misma persona-, Los Últimos Jedi se busca hacer exactamente lo mismo con Rey, la contraparte del personaje de Adam Driver. Porque, si bien la película hace referencia al poder latente de la joven aprendiz de Jedi con una escena donde Snoke reprende a Kylo por haberse dejado vencer por alguien que nunca había llegado siquiera a imaginar entrar en contacto con un sable de luz, la película tampoco se corta al dejar claro que esa Rey inocente que creía que todo tenía salvación -esa Rey que no parecía sino una reencarnación de aquel Luke que buscaba por cualquier medio resarcir a su padre-, ha dejado de existir como tal.

Un camino que comienza con el personaje de Daisy Ridley en el mismo papel que el joven Luke Skywalker, y que concluye con ella misma transformada en esa versión algo más oscura del maestro Jedi. Una versión aun más fuerte; porque mientras que Luke ha acabado dándolo todo por perdido y recluyéndose en su santuario, Rey ofrece la visión de la esperanza: Sí, de acuerdo, todo parece estar perdido. Habrá personas que busquen expandir esa destrucción que otros se están encargando de evitar. Y por supuesto, muchos de los primeros no querrán cejar en su empeño. Pero eso no significa que una tenga que aceptarlo y mirar para otro lado. De nuevo como con Kylo Ren se muestra una visión mucho más progresista; una faceta mucho más activa; algo más cercano a esos Jedi grises que se nos presentaron con Qui-Gon Jinn en la Amenaza Fantasma y que ya no ven la Fuerza como una lucha entre dos bandos. Otro de esos cambios que Los Últimos Jedi se encarga de introducir y que parece servir como punto y aparte para aquel enfrentamiento en el que los Jedi eran los únicos que parecían llevar la razón.

Además, también han sido muchas las voces que se han quejado de la forma en que regresan dos personajes clásicos como son Luke y Leia. Del primero se ha tachado su actitud, su pérdida de la fe, su dejadez, e incluso se ha llegado a criticar su sublime último acto. De acuerdo que tal y como estaba planteado el personaje en el Episodio VII, y la forma en que parecía que iba a acabar desembocando en el Episodio VIII, todo venía a indicar que este no era el Luke Skywalker que nosotros conocíamos. Y más aún cuando muchos todavía guardábamos en nuestra cabeza esa imagen de un Luke capaz, no solo de entrenar a un inmenso número de jóvenes aprendices, sino de vencer a espíritus Sith todopoderosos y soportar más de un levantamiento de su alumnado. De hecho, toda comparación entre este nuevo universo y el antiguo comenzó con Kylo Ren y Darth Caedus; ambos hijos de Han y Leia, ambos futuros aprendices del lado Oscuro, pero cada uno de un universo diferente; el primero del canónico, y el segundo del universo de Leyendas.

Porque mientras que los actos de Caedus solo significaron que Luke luchara sin descanso hasta detenerle, los actos de Ren tan solo logran apartarle de algo que parecía imposible si nos atenemos a la trilogía original: las enseñanzas de los Jedi y el uso del lado Luminoso de la Fuerza. Sin embargo, a medida que avanza este Octavo Episodio, puede verse un gran cambio en Luke motivado por Rey; algo que le acaba llevando a replantearse la situación en la que se encuentra la Fuerza en aquel momento, así como su aprendizaje y todo a lo que le había supuesto el saber de los Jedi. Un punto que se ve reflejado perfectamente en aquella conversación con el espíritu de Yoda, que no sirve sino para ejemplificar que todo debe evolucionar para adaptarse a los cambios futuros. En este caso, al cambio de generación entre los antiguos y los nuevos fans de Star Wars.

En cuanto a Leia, muchos son los que no han querido aceptar que sea capaz de utilizar la Fuerza. O que pueda haber llegado a ser tan poderosa en la Fuerza como para escapar de la muerte- después de que la Primera Orden bombardeara la cabina de mando donde se encontraban todos los líderes de la Resistencia-. En cuanto a este punto, e intentando obviar el contenido misógino de las quejas, así como ya han expresado muchas otras personas anteriormente, no hay más que regresar a la trilogía original para ver todos aquellos detalles que, no solo inducen a pensar que Leia sería quien se encargaría de acabar con el Emperador, y no Luke. Sino que, incluso en el enfrentamiento final entre este y Vader, el Lord Sith deja bastante claro que Leia puede ser igual, e incluso más poderosa que su hermano. Por otra parte, hay que tener en cuenta que si la princesa convertida en general no da muestras en la trilogía original de un dominio total de la Fuerza, ya que tan solo aparece representada como otra persona sensible a esta, es debido a que, a diferencia de Luke, ella no ha pasado por ningún tipo de entrenamiento. Pero entre el Episodio VI y el VIII se ve que han circulado unos cuantos años; por lo tanto es más que probable que la líder de la Rebelión y posteriormente de la Resistencia haya sido capaz de aprender más que unos pocos trucos desde aquel lejano entonces.

Y volviendo a Rey y a su papel como nueva “Elegida”, este último Episodio retoma ese punto tan importante, tanto en la trilogía original como en las precuelas, donde, ya sea una profecía, ya sea la voz de los Jedi, dejaban bastante claro que solo una persona -por algún motivo venía recogido que debía portar el apellido Skywalker- sería capaz de acabar con el mal encarnado en el papel de los Sith. Porque, de nuevo Johnson se encarga de arremeter contra El Despertar de la Fuerza, así como contra todos los fans de Star Wars que se quedaron con la duda de saber quiénes eran los padres de Rey. Y después de todo tipo de teorías que se esforzaban por señalar que la nueva protagonista de esta trilogía solo podía ser tan poderosa por descender, bien de Obi-Wan, bien de Luke, Los Últimos Jedi ofrece una respuesta mucho más sencilla: Rey no es especial por ser hija de nadie. Algo muy similar a lo que ya ocurrió en su momento con Anakin Skywalker, cuyo padre había sido siempre un misterio; y algo que dice mucho de este personaje. Porque no necesita ir de la mano de nadie para conseguir sus objetivos, tal y como va demostrando la película. Primero con la relación de Rey con Luke; porque hasta ese momento Rey, así como la mayoría de espectadores parecíamos tener claro que lo único que podía ayudar a esta inexperta en los caminos de la Fuerza, eran las enseñanzas del viejo maestro. Algo que después abre el camino a que Rey parezca necesitar buscar de ese apoyo en Kylo Ren para, finalmente darse cuenta de que todo lo que creía que le ayudaría, no hace más que convertirse en impedimentos. Se transmite una filosofía que concluye con aquel pensamiento de “Y ahora que Luke ya no está, ¿cómo va a poder convertirse Rey en Jedi?” Porque puede que Rey, esa joven que en su primer duelo con espada laser fuera capaz de derrotar a alguien que había pasado toda su vida entrenando, primero con unos (Luke), luego con otros (Snoke), y del que se decía que era una persona con un gran poder latente; sea capaz de salvar el mundo a su manera.

Además, aquí vuelve a apreciarse ese nuevo cambio en el modo de ver Star Wars. Ya no se trata de un enfrentamiento entre Jedi y Sith. Recordemos otro de los palos de Johnson a El Despertar de la Fuerza encarnado en aquel momento en que el Líder Supremo Snoke; un tipo de lo más singular, un personaje con un gran dominio de la Fuerza, un enigma viviente -al que muchos buscaron situar de alguna manera en el universo de Star Wars. Pues alguien tan poderoso, como ya pasó con Rey, no podía aparecer de la nada-, acaba sucumbiendo de una forma bastante ridícula.

Y ahora toca repasar ese lamentable espectáculo que dieron algunos con la revisión de la película, que planteaba la supresión de todas las mujeres de esta. Porque si Star Wars: Los Últimos Jedi ha sido muy aplaudida por mostrar una galaxia más real donde no solo viven hombres, así como por haber sido la única película de Star Wars hasta el momento, que cuenta con más de dos mujeres en puestos de gran relevancia, o con más de una única escena con una mujer distinta de protagonista, también ha sido sobradamente criticada por esto mismo. Unas quejas que se escapan de toda lógica y que intentan tapar o excusar ese machismo con un “si ya estaba bien antes, ¿para qué tienes que tocar nada?” a los que parece asustarles, no ya el hecho de que en la Resistencia haya mujeres en los altos mandos, sino que incluso haya mujeres pilotando cazas y hasta sirviendo dentro de la Primera Orden; una institución que busca acercarse a más no poder al Imperio, donde claramente, no había ninguna Stormtrooper mujer; véase el sarcasmo. Una situación que nos ha permitido, no solo descubrir a personajes tan icónicos como la vicealmirante Holdo, que todo el mundo recordará por ser la responsable de una de las mejores escenas, sino la mejor de toda la película; Paige Tico, encargada de destruir el Acorazado de la Primera Orden que impedía a la Resistencia evacuar su base de D’Qar; Tallissan Lintra, considerada una de las mejores pilotos de la flota; Kaydel Ko Connix, interpretada por Billie Lourd, y una de las responsables del motín que buscaba acabar con el plan de Holdo de evacuar la última nave insignia de la Resistencia; y, por supuesto, Leia Organa, Rose Tico y Rey.

Por tanto, de acuerdo que Star Wars: The Last Jedi no es una película de Star Wars al caso. Pero precisamente por eso este Octavo Episodio es lo que le hacía tanta falta a la saga. No se trata de reventarla, como muchos se han atrevido a decir, sino de mostrar que se puede hacer un trabajo magnífico, introducir un gran número de cambios y nuevas ideas, y modificar sin miedo y sin hacer de menos lo que algunos consideraban sagrado. En definitiva, adaptar una saga a un nuevo público y a una nueva generación, y no por ello perder esa esencia que es la que a muchos nos ha llevado a considerar este como uno de nuestros universos fantásticos y sagas favoritas.

Star Wars: The Last Jedi - Una retrospectiva (Parte 1 de 2)


Por la cantidad de SPOILERS que contiene, se da por supuesto que se ha visto la película.

Desde el estreno en 1977 de la que más tarde sería conocida como Star Wars: Una nueva esperanza, la serie galáctica de George Lucas ha sabido ganarse a multitud de fans. Ya sea por esa trilogía original, por los efectos especiales de los que siempre ha hecho gala esta saga, o por la maravillosa banda sonora de cada uno de sus productos.

Porque Star Wars no es algo que se reduzca únicamente a la gran pantalla y a las nueve películas que se han estrenado hasta el momento. Esta saga abarca también multitud de historias que hemos podido ir descubriendo en libros, series de animación, videojuegos… E incluso, en algunos casos se nos presentaba una visión mucho más amplia de ese universo que comenzaría a cimentarse sobre personajes tan icónicos como Darth Vader, la princesa y posteriormente general Leia Organa, o aquel jedi, Luke Skywalker, cuyo recorrido seguiríamos muy de primera mano.

Porque gracias a lo que conocimos como el Universo Expandido, se dio pie a que nos internásemos en los más oscuros secretos de esos misteriosos Sith, a descubrir el porqué de su famosa Regla de Dos, o a analizar una filosofía que poco a poco parecía alejarse de aquello de que los jedi eran, siempre habían sido y siempre serían los buenos de la historia. Por eso, cuando George Lucas decidió vender la franquicia a Disney, y la compañía anunció su intención de retomar la producción de nuevas sagas, muchos agradecimos ese soplo de aire fresco que llevaba a indicar que íbamos a tener mucho Star Wars para rato. Grandes noticias que se vieron truncadas casi de inmediato cuando se dejó claro que la intención de Disney era deshacer de un plumazo todas aquellas historias que nos presentaron a personajes tan maravillosos como Mara Jade o Jacen Solo entre otros. Ya que a partir de ese momento estas historias pasarían a formar parte de un universo aparte no canónico conocido como Leyendas.

Por eso, personalmente, la llegada del Episodio VII de Star Wars lo hizo como un jarro de agua fría. Puesto que lo único que veía en ese Despertar de la Fuerza era un remake casi calcado de aquella Nueva Esperanza del 77. Una historia a la que no le veía más atractivo que un par de reencuentros muy esperados junto con algunos personajes que llegaban con fuerza, y a quienes este nuevo rumbo de la saga galáctica no parecía hacerles bastante justicia. Y entonces llegó el primer Spin-off de Star Wars en forma de película. Un Spin-off que presentaba una historia que a nadie le pillaría por sorpresa: el robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Una misión que había costado la vida a muchos bothans, como nos hizo saber Mon Mothma en el Episodio VI de la saga.

Y aunque la historia cojeaba por muchos lados, sobre todo por la ironía que parece desprenderse del hecho de que la protagonista de la historia; el personaje más importante, sea la única mujer que cuenta con más de tres escenas en toda la película, Rogue One nos dejó con grandes momentos y con un planteamiento mucho más maduro de lo que estábamos acostumbrados a ver en Star Wars. Porque los buenos, los personajes principales, no siempre tienen porqué acabar con ese final agradable. Ni siquiera tienen porqué salir con vida de su misión suicida.

Y entonces llega Star Wars VIII: The Last Jedi. Una película que, a pesar de aparecer justo después de ese final tan lógico y al mismo tiempo sorprendente de Rogue One, daba la sensación de ir a convertirse en otra copia descarada del material de la trilogía original. Y sin embargo, lo maravilloso de The Last Jedi es, precisamente que sabe aprovechar todas las quejas y críticas negativas que había ido recogiendo su predecesora, el Episodio VII, y utilizarlas en su favor. Y no solo eso, sino que, además se basa en algunas ideas que, si bien es cierto nunca habían llegado a quedarse fuera del canon oficial como tal, aparecían en algunas de aquellas historias que habían pasado a llamarse Leyendas. Apuntes que el mismo Rian Johnson se encargaba de destacar a través de su cuenta de Twitter.

Sin embargo, de nuevo volvemos a encontrarnos con una película que recoge opiniones igual de dispares, y que no parecen ir a ponerse de acuerdo en poco tiempo. Porque lo que para unos ha sido una gran película, capaz de situarse, si no por encima de alguno de los Episodios de la trilogía original, sí a su misma altura; para otros no ha sido más que un producto que peca de considerarse canónico de Star Wars. Y como viene intuyéndose, servidor es de aquellos que consideran que, gracias a Los Últimos Jedi, he vuelto a hacer las paces con esta saga galáctica que tanto me ha aportado. Y ahora es cuando toca explicar el porqué de esta reconciliación metafórica.

Uno de los puntos que más se ha criticado de este octavo Episodio es ese “exceso” de humor que hay quien considera innecesario. Algo que se ve desde el primero momento con esa escena de Poe Dameron provocando descaradamente a un general Hux, cuya autoridad como uno de los líderes de la Primera Orden acaba totalmente por los suelos. Un inicio, que da pie a una batalla espacial de lo más épica, con Poe maniobrando su Ala X de manera espectacular y que, por primera vez, no solo presenta a pilotos varones en plena acción. De hecho, si hay algo que destaca precisamente de este enfrentamiento, es la epicidad que desprende Paige Tico; la encargada de protagonizar una secuencia de lo más impresionante; bombardear el Acorazado Estelar, objetivo final de esa misión de la Resistencia encabezada por Dameron.

Más tarde, la película volvería a hacer gala de ese humor que parece no haber gustado a todo el mundo, saboteando intencionadamente la escena final de El Despertar de la Fuerza. Esa que el mismo Mark Hamill ya se había encargado de representar en varias ocasiones, siempre en clave de humor, y que, hasta ahora, parecía indicar que contaría con un discurso o, al menos unas palabras por parte de Luke hacia esta nueva y joven aprendiz de Jedi, Rey. Porque es aquí donde aparece uno de los zascas que Los últimos Jedi se reservaba para El Despertar de la Fuerza. Por otra parte, si esa tensión que nos había prometido la escena en sí del film dirigido por J.J. Abrams se venía completamente abajo de un modo casi satírico, Rian Johnson no parece buscar ofender de ningún modo con el resto de escenas pensadas para divertir al espectador. Es decir, en esa apertura de Los Últimos Jedi, no se observa malicia alguna por parte del director hacía los fans de Star Wars, como sí lo hace la famosa escena del encuentro de Rey con Luke.

Otra de las claves que también se ha criticado es aquella que envuelve la trama referente a la misión de Finn y Rose de infiltrarse en la nave insignia del Líder Supremo Snoke para así dar una oportunidad a los supervivientes de la Resistencia de escapar de las garras de la Primera Orden. Una serie de críticas que se centraban sobre todo en Rose Tico y en lo “intrascendente” de este personaje. No obstante, el personaje interpretado por Kelly Marie Tran tiene uno de los papeles más importantes de la película: por una parte, dar mayor visibilidad a la mujer dentro de un universo que, hasta ese momento contaba con un número tan limitado de personajes femeninos, que podían contarse con los dedos de una mano. Por otra, introducir un personaje que, aun teniendo tanta fuerza como Rose, con una entereza que le lleva a ser capaz de renunciar a uno de lo únicos recuerdos que le quedan de su hermana recientemente fallecida -en pro de la defensa de las ideas de esta y del éxito de su plan-, se aleja de esa lucha entre Lado Luminoso y Lado Oscuro en la que, al final, suelen derivar todas las tramas de Star Wars.

Y esto desemboca en las quejas derivadas de la trama per sé protagonizada por Finn y Rose. Un hilo que presenta una misión a la desesperada encabezada por una encargada de mantenimiento de la Resistencia; y un exsoldado de la Primera Orden cuyos éxitos más notables parecen reducirse a haberse cruzado en el camino de Dameron y de Rey, así como a haber desertado de ese nuevo Imperio.

Porque, como puede intuirse, ninguno de estos dos tiene demasiada experiencia en una tarea tan importante como pueda ser convertirse en la opción desesperada de la Resistencia. Y precisamente aquí es donde se encuentra parte de la importancia de este grupo de héroes recién convertidos. Porque se trata de personas cotidianas. Personas totalmente alejadas de ese estereotipo de “Elegidos” para salvar el mundo o futuros salvadores de este, como puedan ser Luke Skywalker o Rey; algo de lo que se hablará más adelante, y que Johnson ya se encarga de desvirtuar a través de otra serie de golpes importantes a los cliffhanger propuestos por El Despertar de la Fuerza.

Pero volviendo a este acto protagonizado, primero, por un personaje que se encarga prácticamente de ir detrás de Rey y por otro, totalmente desconocido hasta este Episodio VIII, queda la discusión que surge del hecho de que su misión en solitario es algo completamente inútil y prescindible. Porque, de acuerdo que en un primer momento pueda llegar a sonar bien conseguir algo de tiempo para facilitar el escape de la Resistencia, de las fuerzas de la Primera Orden; pero a medida que avanza la trama nos vamos sumergiendo en una historia escrita para ir encariñándonos con Finn y con Rose y para ver cómo estos dos van conociéndose poco a poco de cara al espectador.

De hecho, al analizar esta parte de la trama de Star Wars: Los Últimos Jedi, es muy sencillo ver que la decisión de ayudar a la Resistencia no va sino a acarrear más problemas de los que podría haber solucionado. Ya sea por la traición al estilo Lando Calrissian, o por el hecho de que la captura de Finn, Rose y BB-8 no sirve sino para alertar al enemigo del verdadero plan de los líderes de la Resistencia.

Un hilo de la trama que sirve para rehacer la idea que pudiéramos tener de Star Wars. Esa idea de que los planes, por desesperados que pudieran parecer, siempre acababan teniendo éxito en este universo galáctico. Esa idea de que en Star Wars todo tenía que ser blanco o negro, bueno o malo; y que cuando aparecía un personaje como Calrissian, capaz de vender a Han Solo, así como traicionar a los Rebeldes y servírselos en bandeja a Darth Vader, al final acabaría mostrando sus verdaderas cartas y convirtiéndose en uno de los más eficientes líderes de esa Rebelión. Porque es DJ, el personaje al que da vida Benicio del Toro, el encargado de ir dejando caer esas migas de la discordia durante cada una de sus escenas. Ya sea en el momento en que deja claro que no trabaja gratis por ninguna causa, o en esos momentos en los que intenta hacer ver a Finn, no solo que unas veces se pierde y otras se gana, sino que, al final, en la guerra todo vale. Y lo que uno considera un mal a eliminar como pudieran ser los traficantes de armas de Canto Bight, puede acabar convirtiéndose en los salvadores de la Resistencia. En aquellos dispuestos a jugársela a la Primera Orden y vender armamento, tanto a estos, como a aquellos dispuestos a enfrentárseles.

Y si hasta ese momento todo aquel que estuviera viendo la película tenía por seguro que el improvisado plan de Poe, Rose y Finn iba a resultar exitoso sí o sí, Johnson se encarga de darnos un tortazo de realidad y deja claro que no todos los planes tienen porqué acabar bien. Una bonita analogía entre esta misión y aquella con la que comienza la película, donde, a pesar de los resultados, se pierden más vidas de las que podrían haberse salvado. Algo que la película ya se encargaría de usar como predicción para ese desastroso final de la misión de Rose y Finn.

Por otro lado, también se ha hablado mucho de que en esta ocasión toda la trama viene motivada por una historia que se centra en la Resistencia abandonando sus naves sin combustible mientras lucha por mantenerse fuera del rango de tiro del crucero de la Primera Orden. Una especie de carrera contrarreloj que viene a alejarse, de nuevo, de ese Star Wars que muchos conocíamos. Pero es que este es otro de los grandes aciertos de la película; introducir algo completamente nuevo en una saga que, como puede apreciarse con Star Wars: El Despertar de la Fuerza, peca casi en exceso de conservadurismo. Una saga que parecía temer mostrar algo distinto, o dar un salto, por pequeño que fuera, en otra dirección por miedo a ofender a los fans.



25 ago 2015

The wolf among us

Y continuando con esta racha de entradas el día de hoy, voy a hablar de un juego que es increíble. 

Aunque está basado en un comic de esos que (casi) nadie conocía hasta que no salió el juego, momento en que todo el mundo empieza a decir que sí, que por supuesto que se han leído el comic, y que ya lo conocían mucho antes de que se hiciera famoso; y esto ya debería ser suficiente para asegurar que el juego va a ser muy bueno, además, sus desarrolladores ya habían sacado antes el juego de the walking dead. El bueno, el que está basado, como no, en el comic. No esa mierda increíble, que lo siento mucho, pero es horrible, de juego basado en la serie. Y, bueno, debe ser que a estos de Telltale Games, que es como se llama la empresa, les gusta cantidad lo de pasar comics a formato videojueguil (mi página, mis palabras inventadas, aunque, quien sabe, igual esta hasta existe y todo), no hay más que fijarse en los gráficos de sus proyectos. Pero lo hacen genial. Aunque sus videojuegos, sean más bien una aventura gráfica, de esas en las que te remites a investigar escenarios, tomar decisiones y mantener diálogos, esto solo quiere decir que vas a rejugarlo todas las veces que haga falta, porque en no sé qué parte muere no sé quién, o en no sé dónde no he estado, etc.
La trama del juego se centra en el Lobo malo de los cuentos. Sí, va de cuentos como los tres cerditos, la bella y la bestia, Blancanieves… pero sin embargo, hacedme caso, no se lo pongáis a niños de hasta 10 años. Porque la historia va de asesinatos, droga, prostitutas, proxenetas, mafia, hippies y fumadores compulsivos, entre otras cosas.

Está muy enfocado al comic del que ha salido, usando unas texturas y gráficos que recuerdan a los dibujos de estas novelas gráficas. Además, lo que más me llamó a mí en su momento, que puede ser también un aliciente para muchos otros, es el ambiente de novela negra que se respira en todo momento, y si a eso le sumas un cerdo que se llama Collin, que habla, fuma y bebe whisky, no hace falta decir nada más.

Puede que en su momento, el juego consiguiera reunir muchos escépticos porque salió en forma de episodios, con un episodio al mes, y el que apareciera con el texto solo en inglés, y con subtítulos también solo en inglés, puede que no le granjeara muchos adeptos. Pero, veamos el vaso medio lleno, esto puede servir para mejorar nuestra comprensión del idioma de Shackespeare, y conseguiríamos ahorrarnos la academia de inglés. Y encima estaríamos aprendiendo más palabrotas como Whore, Bitch, Fucking idiot… el que no sepa qué significan, que se compre el juego y lo aprenda.


Encima, ahora el juego está disponible en formato físico, que para quien no lo sepa significa que puedes ir a una tienda donde venden videojuegos y pedir que te lo den, y los de la tienda te darán una caja con el disco dentro; algo que en un principio no se podía, ya que el juego solo se podía descargar en formato digital. Y para los que no se decidan todavía porque no saben mucho inglés, animaos, que seguro que ya está subtitulado al castellano.

Movie 43

Bueno, hoy, al fin después de tanto tiempo sin escribir nada, me gustaría hablar de una película que a pesar de contar con actores y actrices muy conocidos y muy grandes (no, no quiero decir que estén gordos, aunque Chris Pratt aparece con unos cuantos kilos de más), no llamó demasiado la atención.

La película, como ya habréis supuesto se llama Movie 43 y es una recopilación de sketches al más puro estilo Padre de Familia donde no falta la mala hostia ni lo políticamente incorrecto. Es como ver Ted, pero en pequeñas dosis. Vale que la historia principal sea una puta mierda que no vale para nada, pero es que la película no va de eso. “Eso” no es más que la excusa para ver las distintas historias, a cada cual más rara y descojonante.

Por eso, no me explico cómo coño no tuvo más éxito, si sale Hugh Jackman, conocido por hacer de Lobezno o de mago kabrón en El truco final, con un par de huevos colgando de la barbilla.
Pero bueno, ya se sabe, aunque la película no batiera récord de audiencias en los cines, seguro que sí batió récord de audiencia en descargas ilegales. Qué narices, si hasta la puedes ver gratis por YouTube.

Posdata: lo último haced como que no lo habéis leído. No la busquéis en YouTube, en vez de verla gratis desde la comodidad de vuestro hogar, y sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, coged el coche, id a vuestra tienda de películas, gastaos lo que cueste, y volved a vuestra casa a verla; que es lo que haría tooodo el mundo.


Posdata 2: aunque la posdata 1 suene a sarcasmo, noo lo es… Que conste que yo estoy en contra de la piratería. Porque, a quien no le gusta pasarse horas y horas buscando una película, videojuego, disco, libro… para que después le informen de que está descatalogado, mientras que en Internet hay por lo menos tres sitios donde lo tienes disponible.  

12 ene 2015

Los colegios, y más concretamente, los exámenes

Supongo que cuando hayáis leído el título os habréis dicho “vaya título más raro. ¿No habría sido suficiente con poner solo Los colegios?”

Os seré sincero: En realidad esta entrada iba a dedicársela  -bueno, no a dedicársela, que no se merecen que se les dedique nada- a los exámenes a secas. Pero me dije ¿y qué pasa con el resto de cosas que rodean los exámenes?, ¿Qué pasa con los deberes, los profesores, los trabajos…? Así que pensé, que narices; hablo un poco del cole pero resalto que los exámenes son una enorme estupidez que no sirve de nada.

Sí, de nada. Y quien piense lo contrario que me lo diga (que le meto un tortazo para que se recupere del golpe que se haya dado -en las películas es así, por lo tanto ¿por qué no va a funcionar en la realidad?-). Cuando a un profesor, máxima autoridad en cuestiones de exámenes, se le pregunta el porqué de estos, la respuesta más o menos lógica que da es: “Es que es la mejor forma de calificar”. Solo porque en un examen se puede poner un número. Menuda gilipollez. ¿Para qué narices sirven las notas? Coño, buscaos otra forma de evaluarnos. Si al menos los exámenes sirvieran para aprender algo; pero es que tampoco se aprende nada gracias a ellos. Solo sirven para “ejercitar la memoria”, y ni siquiera para eso porque en dos días habrás olvidado de qué iba el examen. Por lo tanto, ni sirven para aprender, ni sirven para evaluar a alguien (hemos quedado en que solo se usan como método rápido de calificación). Que conste que no entiendo como sinónimos  evaluar y calificar. Lo primero lo asocio a ver las características y valores de alguien, cosa que no se puede sacar mediante exámenes, y lo segundo es simplemente poner una nota.

Pues eso, que de qué sirve poner a la gente (no solo a los niños, que hasta después del instituto se continúa con exámenes) nerviosa y estresada, para que en una hora olviden todo lo que han estado “estudiando” durante varios días.

Estudiar. ¿Qué es estudiar? Al principio, yo el estudio lo confundía con aprendizaje. Tonto de mí me creía que estudiar era, por ejemplo, aprender a leer y escribir; aprender cómo hacer sumas, restas, multiplicaciones y divisiones… Pero uno crece. Y cuando lo haces te das cuenta que lo primero no tiene absolutamente nada que ver con lo segundo. Cuando creces te das cuenta que solo se “estudia” para el día del examen y que “aprender”, no se aprende nada (a excepción de los idiomas como inglés, francés o alemán; y solo si después continúas hablándolos). De hecho, pregunta a quien quieras (que haya tenido un examen hace poco, o que continúe en una etapa donde se le hacen exámenes) si te puede decir alguna pregunta que haya tenido, y su respuesta. O si no, pregúntale de qué iba su examen. Que te cuente un poco algo de algún tema. A no ser que tenga una memoria de la hostia, de esos que ven algo y ya no lo olvidan en su vida, seguramente te diga que ya no se acuerda de lo que dio.
Y eso ocurre porque no se aprende. Solo se estudia.

Cambiemos de tema. ¿Alguien se acuerda de los madrugones que se pegaba para ir al cole? Jodían, ¿eh? ¿Y eso para qué servía? ¿Por qué había (y hay) que levantarse tan temprano? ¿Qué problema hay en levantarse a una hora normal (hasta las 9 no cuenta como hora normal) para ir a clase? Pues no. Los coles empezaban a las 9 o las 8 y media y todos los días había que estar a esas horas, con legañas y todo incluidas (porque, aunque te las quitaras después de levantarte, como seguías dormido, estas volvían a salir), sentado en tu pupitre (que no te dejaban llevar almohada) con la cabeza sobre el libro, sobre la mesa.


De momento voy a parar esta entrada aquí, ya continuaré con la segunda parte de Los colegios, y allí me meteré un poco con los profes, los recreos, los niños (que no estudiantes, porque en esa época todavía no se “estudia” realmente), los libros de texto, etc.

11 ene 2015

Los medios de transporte públicos

¿A quién no le ha pasado haber llegado a la parada del autobús, puntual, y quedare con cara de tonto, porque el autobús ya haya pasado hace tres minutos?

Yo creo que todo esto de los horarios de los transportes públicos, y los transportes públicos en general, son una gran conspiración del gobierno. O sino, ¿por qué cuando las paradas del bus y del tren están a solo dos pasos, tienen horarios tan dispares uno de otro? Me explico: el tren termina su trayecto sobre y treinta y cinco; y el autobús pasa a y media. El tren sale a menos cinco, y el autobús llega a en punto. Pero lo peor, nos corresponde a los que tenemos horarios de tarde, porque por la tarde los autobuses solo pasan ¡cada hora!

Y esto solo ocurre cuando ambas paradas están a cinco metros, porque si resulta que para ir de una a otra tardas de 6 minutos para arriba, olvídate de coger uno de los dos vehículos sin tener que esperar.
Pero lo más cabreante se lo dejo a la secta de los autobuseros. Lo llamo así, secta, porque hay algunos que son majos, y no deben estar metidos; pero la mayoría de estas personas son unos malvados (que no me apetece insultar). ¿Pues no cogen, y cuando ven a algún pobre diablo corriendo porque ve que va a perder el bus, cierran las puertas y se dan más prisa en arrancar solo para ver cómo esta persona no llega a subir? Por eso llega un momento, cuando ya has perdido el autobús tantas veces, que te rebelas contra la sociedad y si ves que no llegas a tiempo para cogerlo, vas andando diciéndote a ti mismo: “No corras, si ya lo has perdido”. Pero siempre tendrás la duda de si de verdad lo has perdido; porque hay veces que el conductor sea de la antes nombrada secta, pero igual no lo es y se pasa un rato esperando con la puerta abierta a que tú, pobre infeliz, te des prisa y subas tu culo al autobús. Y es ahí cuando más rabia da la situación. Cuando no sabes qué hacer; “correr o no correr, he aquí el dilema (y no la cuestión, como dicen muchos)”, como diría Shakespeare. 

Y si solo fuera ese el problema que hay con los medios de transporte públicos, pues no habría subido esta entrada. Pero ¿qué pasa con la gente que está esperando contigo?
Adelante con la lista:

Por un lado tenemos al “echao pa´lante”, que en cuanto llega pregunta si hace mucho que ha pasado tal bus. No respondas. Di que acabas de llegar. Si le contestas estarás perdido porque de ahí pasará a hablarte de lo mal que van los autobuses, y de lo mal que va el país, y cuando llegue el autobús y te subas, él se subirá contigo y se sentará a tu lado; aunque no sea el autobús que tenga que coger. Y no parará de darte la tabarra hasta que te bajes y corras.

El pobre que “quiere hablar”: suele ser un ancianito o una ancianita, que aprovecha cualquier cosa que pase a tu alrededor (ya sea un perro que se pone a mear en una esquina, ya sea alguien que cruza la calle) para dar conversación y acabar contándote su visión del mundo y sus ideas.
Luego también está el/la estudiante que no le apetece hablar, o está mandando mensajes por el móvil, y a la vez tiene los cascos puestos para escuchar música; que nunca sabrás si de verdad la escucha, o solo lo hace para evitar ser preguntado.

Luego tenemos a "los colegas", generalmente adolescentes con las hormonas revolucionadas, que se juntan en un grupito y se lían a dar gritos y a reírse incluso una vez dentro del bus. Que no hay quien los soporte.

También está la madre/ el padre que viene con su o sus hijos. Que no es lo mismo que la pareja con niños. Los primeros están más unidos, y el crio se pasa todo el rato hablando con su padre (yo una vez me senté al lado de una de estas parejas padre- hijo que daba gusto oír, porque estaban hablando de Star Wars, y el niño, que no tendría más de ocho años ¡se lo sabía todo!)

En cambio cuando es una pareja con niños, son casi tan insoportables como los adolescentes de antes, porque dejan a los pequeños dar toda la guerra que quieran sin hacer nada para impedirlo.

Por último, está el “impaciente”. Lo he llamado así porque es el típico/a que se pasa toda la espera sentado en el sitio ese tan incómodo que hay en las paradas de autobús (otra conspiración del gobierno, me parece a mí), sin dejar que nadie más se siente; porque se coloca en el centro y suele llevar algo que apoya a ambos lados de esa especie de banco; pero cuando llega el autobús, tiene que ser el primero/a en subirse. Para eso echa mano a agarrones, empujones… y siempre dice “Vaya maleducado que estás hecho. Después de todo el rato que llevo esperando (aunque llegara después que tú), ¿vas y pretendes subir antes que yo? ¡Pero si llevo yo aquí más tiempo que tú!”. Generalmente suele ser una vieja con cara de gilipollas.

Cambiando de tema, ¿qué pasa con la gente de los trenes? ¿Por qué cuando ven que llevas varias mochilas y un libro que parece un diccionario que te tienes que leer para ese día, o unos apuntes para el examen que tienes en una hora, te hacen dejar libre el asiento donde has dejado tus cosas -aunque el resto de sitios estén libres- para sentarse ellos? Y esto ya pasa tanto si vas en tren como si vas en metro o autobús: siempre hay algún gracioso que invade tu espacio vital. Siempre que vas de pie -ya sea porque los asientos estén ocupados, ya sea porque te apetezca-, hay alguien que se pone a tu lado y se deja caer encima de ti. Como si no te hubiera visto. Y lo peor es que cuando le pisas o le metes un codazo (o le robas algo que lleve a la vista), te ignora; hace como si un lo hubiera sentido y no se mueve ni para dejarte respirar; que digo yo, ya que le has pegado, por lo menos podría disculparse.


Pero nada.  

Los Baños

En esta entrada voy a intentar ir directo al grano (por cierto, vaya expresión más asquerosa. ¿Te imaginas, ahí directo a explotar un grano?).

Los baños están subestimados. ¿Por qué son los cuartos más pequeños de la casa? ¿No son más importantes que los pasillos o que las habitaciones?, porque; al fin y al cabo, ¿para que usamos los pasillos? ¿Para ducharnos?, ¿para ver la tele? No. Los usamos para pasar por ellos; “PASILLOS”. El que inventara la palabra se volvería loco dándole vueltas a la cabeza. Entonces, ¿por qué son más amplios que los cuartos de baño? Nuestras habitaciones. ¿Por qué son más grandes que los baños? Si solo las usamos para dormir. Y no me digáis “Yo es que también tengo ahí el ordenador, y estudio y trabajo, y tengo una tele y también la veo en mi habitación”, porque no me lo trago. Para estudiar o hacer trabajo ahora en todas las casas hay un pequeño “estudio” (que ya hablaré de esto más tarde), y para ver la tele ya está el salón. Vamos, que con la buhardilla que tenía Harry Potter de cuarto ya nos valdría.

Vale que en la cocina, otro cuarto subestimado, no necesitemos tanto espacio, y por eso sea tan pequeña, o incluso esté dentro del salón. Que sí, que no me lo he inventado. Creo que se llama cocina americana o algo así. Pero en ese caso por lo menos tenemos espacio para movernos, y podemos comer tranquilamente en el sofá. Es un gran invento para los que somos vagos o perezosos.
Pero volvamos a los baños. ¿Quién es el responsable de los platos de ducha? Porque es un gran capullo. Para ahorrar espacio, supongo que diría. Pero, ¿por qué nos empeñamos en quitarle espacio a los baños en favor de las habitaciones o de los salones? Es que es una idea muy estúpida, porque, y quien las haya probado (las duchas estas, quiero decir) me dará la razón, no paras de darte golpes, que gracias a quien sea, no suelen ser de cristal (supongo que alguien se haría un buen corte antes de cambiar de idea). Y el bidé, ¿hay alguien que lo use? ¿Entonces por qué están en todos los cuartos de baño? Coño, si queremos “ahorrar espacio” ¿no sería mejor quitarlos?


Y retomando el tema de las habitaciones, hay que decir que en algunas ocasiones somos muy cabrones, porque cuando vemos que en nuestra casa hay una habitación que sobra; la que tendría que ser para invitados, decidimos convertirla en un estudio. Pero, ¿Qué es un estudio? Una habitación que llenamos de libros para ganar espacio en el resto de la casa, donde metemos una mesa y una silla y decimos: “Ya está. Aquí me vendré a estudiar y nadie podrá molestarme.” ¿Y por qué no tiramos la pared y unimos dos habitaciones? O mejor, ¿Por qué no tiramos la pared y ampliamos el cuarto de baño? Lo peor es que cuando viene alguien a hacernos una visita y pregunta: “bueno, ¿y ahora donde me pongo a dormir?” Le contestas:

 “Al sofá”

Navidades

Qué bonitas son las fiestas, ¿verdad? Días en los que no hay clases, ni trabajos; que se pasan con la familia y con los amigos… Qué bonito es todo.

Pues no. ¿Por qué estas “mini-vacaciones” ocurren solo una vez al año? ¿Por qué durante estos días deseamos felicidad a todo el mundo? ¿Por qué nos reunimos con gente que nos cae mal y a la que hace una eternidad que no vemos, y los tratamos como si fueran nuestros mejores amigos y como si hubiésemos estado con ellos el día de antes? Pero sobre todo, ¿por qué ponen las mismas películas navideñas una y otra vez, año tras año en la tele?, y si solo fuera en esta temporada se podría soportar. Pero es que también ocurre lo mismo en semana santa con las películas de la biblia y en verano con las películas de surf y de gente que está de vacaciones.
Vamos a ver, ¿hay alguien que todavía siga viendo estas películas?, o lo que es peor, ¿hay alguien que aún no las haya visto?

Las cenas familiares; porque no son comidas. Son cenas. ¿A quién se le ocurrió esa idea? ¿Quién pensaría “Eh, es una buena idea eso de que tres o cuatro días de una semana quedemos todos -da igual lo lejos que vivamos unos de otros- , -y da igual que nos odiemos unos a otros- y gastemos una pasta en kilos y kilos de comida que acabarán sobrando (porque sabemos que va a sobrar) y montemos un banquete tremendo que empezará a las 6 de la tarde y no acabará hasta la una o las dos de la madrugada.”? Menudo gilipollas.

Pero espera, porque tampoco son unas vacaciones normales. No es como cuando es verano y se acaba el año de clases, y te puedes pasar el día jugando a videojuegos, leyendo, tirado en el sofá viendo la televisión, en la piscina (esto igual sobra, porque es un poco raro estar en invierno, con el frío que hace dentro de una piscina descubierta). No, en navidades tienes que estar con la familia, que no digo que esto sea malo; digo que lo malo es que esto se tome como una obligación. Que si dices: “Oye, que me voy a dar una vuelta” o “que he quedado por ahí” la gente te mire raro y te diga tu madre “Ah, muy bonito. Por una vez que vamos a estar todos juntos, vas tú y nos abandonas”, que parece como lo típico de las pelis americanas cuando dicen lo de que alguien se fue a comprar tabaco y no volvió. Pero es que cuando acabas cediendo y acudes a la cena, ves que ni la mitad de las personas que “iban a ir”, aparecen.

Y luego viene lo de que todo el mundo se pase todas las fiestas de compras. Que no se puede ni caminar, ni mucho menos comprar; porque si tú no compras, te echan la bronca o les “decepcionas”.
¿Y por qué narices se tiene que poner tanta decoración (y tan horrible, por cierto)? Que si el belén, el árbol, las luces, las guirnaldas, la nieve falsa, etcétera. ¿Y por qué hay que visitar belenes? Esos belenes que son todos iguales, para los que hay que pagar y que tienen unas colas de espera inmensas.
Y los árboles, que se cortan solo para un par de días y después se triturarán para usar de abono. Vaya putada. Luego nos quejamos de que están deforestando el Amazonas, pero, mi abeto natural, que no falte en vacaciones.


Pero sin lugar a dudas, lo que menos soporto de las navidades es que te manden trabajos del colegio, el instituto o la universidad, que acabas por no hacer, y te toca fastidiarte la semana después de las fiestas por culpa de exámenes que no has estudiado, trabajos que has ido dejando o libros que no has leído.

15 dic 2014

Bioshock, Rapture

En esta entrada me gustaría hablar de otro libro, si se me permite.
Como ya he hablado un poco de la saga bioshock , me apetecía seguir un poco con ese tema, y por si os habíais quedado con ganas de más, recomendaros esta novela que narra lo que ocurrió antes y durante Rapture. Además, sirve para, -si os habíais quedado un poco confusos después de pasaros el juego,- cerrar cualquier brecha que se hubiera quedado abierta, y darle punto final (¿?, o puede que no, que tal vez vaya a salir otro nuevo juego) a la historia. 

El protagonista del libro no es el gran Andrew Ryan, gran filósofo, filántropo, multimillonario…, y mejor persona; sino Bill McDonagh, al que los más agudos recordareis de algunas grabaciones que recogimos durante el videojuego. También nos presenta a Fontaine (y no, ese no es su verdadero nombre; pero eso ya lo sabíais, ¿no?, uy…). 

La novela narra varios años, desde que Ryan conoce a McDonagh, hasta que empieza la decadencia de Rapture (que es el nombre de la ciudad submarina. Si no lo sabías…, en serio, tienes que hacértelo mirar). Así que si esperabais ampliar la historia, lo siento por vosotros, pero esto es solo una precuela. 

De todas maneras, si piensas que no te va a gustar por ser una novela de ciencia ficción, te equivocas. También retrata temas históricos (la historia se sitúa tras la GM y las políticas del New Deal) y temas filosóficos e ideológicos (marxismo, comunismo, capitalismo, libertad…). Es un libro que puede hacerte cambiar el modo de pensar. Y es que encima es una historia sobre utopías y distopías que te hace pensar en las restricciones que se deben o no imponer a la hora de definir la libertad, en si nuestra vida mejoraría o no dejando de lado la moral, en los avances que se podrían dar en una sociedad sin leyes y con un mercado realmente libre…


En fin, que es una historia de esas que engancha, aunque ya sepas cómo acaba, y de esas que te marca y te abre los ojos. Es una historia en la que empatizas con los personajes, y que está narrada de tal forma, que lo que antes considerabas imposible y ficción típica de un videojuego, acaba pareciéndose a algo que podría ocurrir si no tenemos cuidado al distinguir entre libertad y libertinaje.

Bioshock

¿Qué decir de la franquicia ( se puede llamar así, ¿no?) de Bioshock que no se haya dicho ya? Es una de las mejores, -y más criticadas- sagas (para bien o para mal) de los videojuegos en los últimos años, y sin embargo, eso no ha impedido que la compañía responsable de que este título viera la luz acabara cerrando.

Hablar de Bioshock es hablar de lo mejor de los videojuegos. Puede que parezca que no es más que un juego de acción en primera persona, pero cuando empezamos a jugarlo, nos damos cuenta de que Irrational ha sido capaz de imaginar cómo sería el futuro, si los grandes acontecimientos históricos se hubieran visto de otra forma. Cuando digo esto no estoy comparándolo con Wolfenstein (juego clásico que consiste en matar nazis, y al final, al mismísimo Hitler, y del que hace poco se sacó una nueva adaptación). Ni mucho menos, ya que sendos juegos son muy distintos y tienen muy poco que ver el uno con el otro.

La saga Bioshock, de la que de momento han salido tres entregas (si no contamos los DLCs, aunque por lo menos el de Panteón marino debería incluirse como otro juego aparte más), representaron en su momento (e incluso ahora) un gran avance en el mundo de los videojuegos. A mí personalmente, que no me gustan mucho los juegos de disparos (sí, aunque no lo parezca, no soy muy fan de los shooters. Es más, todos los que he jugado y que ahora recomiendo, los probé bien porque me “obligaron” a jugarlos después de vendérmelos muy bien, o porque las críticas, videos, etc. Sobre esos juegos me llevaron a probar la demo; o a probarlos en tienda), esta trilogía me vuelve loco, porque es muy difícil sacarle pegas. Vale que empecé con Bioshock Infinite, porque los otros dos estaban agotados en formato físico (lo de formato físico es para referirme a que cuando vas a la tienda no tienen el juego en disco con su caja y manual, y lo he usado para distinguirlo del formato digital que es descargarte el juego a tu consola tras su correspondiente pago; que siempre hay algún tiquismiquis que si no lo hubiera dicho empezaría: “¿Cómo agotado? Si es imposible que se agote una descarga”. Pues a mí no me gusta descargar juegos. Prefiero tenerlos en su caja, que así no se me llena la memoria de la consola.), y vale que a lo mejor por eso me cuesta tanto aceptar que se diga que este último es malo en comparación con los anteriores. Pero es que no es peor. Es una historia distinta. Se le suele criticar sobre todo porque pasa de la claustrofobia que sentía el jugador en la ciudad sumergida de Rapture, a la agorafobia que se siente en Columbia; una ciudad que se encuentra formada por islas que flotan sobre las nubes.

Puede parecer que son historias que no tienen nada que ver una con la otra, pero cuando descubres la trama en ambos juegos (vamos a suponer que Bioshock  y Bioshock 2 pertenecen a un mismo juego porque al fin y al cabo ambos suceden casi al mismo tiempo y en el mismo lugar), te das cuenta de que están íntimamente conectados.

Otro aspecto que he oído mucho criticar, es que en Bioshock Infinite el protagonista no sea ningún extraño o desconocido como ocurría en las primeras entregas, en las que solo conocíamos al protagonista por sus “manos”, sino que al hablar e interactuar con otros personajes, y encima de forma automática (sí, hombre, que no sale lo típico de que te caes y pone “pulsa A para agarrarte” y esas cosas. Solo tienes un par de acciones para realizar, y tampoco suponen nada para la partida).
Pero dejando esos aspectos a un lado, es increíble lo bien que han “envejecido” estos juegos, que si te pusieras a jugarlos hoy mismo te daría la sensación de que son juegos que han salido hace nada, y eso que el primer Bioshock es del 2007. Además, que es muy fácil criticar y decir eso de que las segundas partes no son buenas (sí, con segundas partes me refiero a Infinite. He vuelto a juntar el primer Bioshock con el segundo), pero lo que ocurre es que nadie se ha parado a pensar que para los primeros se buscaba dar protagonismo a Rapture por encima de los personajes, mientras que con el último se buscaba dotar a los personajes de más realismo y emotividad, y he de decir que en ambos casos lo consiguieron.

Bioshock no es solo un juego (tres en realidad), sino una especie de experimento sociopolítico que hace replantearse muchas cosas, ya sea la moral-libertad en el primero o la religión-pureza en el segundo, junto con las ideologías en ambos. Para aquellos que se encuentren un poco perdidos con los juegos, debería aclarar que el primero se centra en los plásmidos, abarcando con ellos la ciencia, las capacidades latentes en el ser humano, el mercado y el poder; mientras que el segundo se centra en los portales dimensionales (lo que viene a ser poder visitar otras dimensiones), abarcando con ello la religión, la pureza de la raza, la diferencia y lucha de clases, y la colonización de aquellos que están “equivocados”.


En fin que los tres juegos tienen mucho para ser analizados tanto sociológica como política y como narrativamente. Pero no nos olvidemos de que son videojuegos, que ni de lejos están definiendo la realidad. ¿O sí?